En un momento en el que muchos agricultores buscan alternativas frente a las restricciones de materias activas, las resistencias de las malas hierbas y la presión para producir de forma más sostenible, la ciencia empieza a mirar hacia soluciones que hasta hace poco parecían improbables. ¿La última? Un herbicida elaborado a partir de un cardo silvestre y apoyado en nanotecnología que actúa como matahierbas.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Cádiz, en colaboración con el Centro de Biotecnología Agrícola y Agroalimentaria de Alentejo, ha desarrollado una formulación bioherbicida a partir del cardo silvestre (Cynara cardunculus), una planta emparentada con la alcachofa. El proyecto ha contado con financiación de la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía y de la Fundación para la Ciencia y la Tecnología de Portugal.
Según los ensayos realizados en laboratorio, la nueva formulación logra triplicar la eficacia del extracto vegetal original y frenar la germinación y el crecimiento de varias malas hierbas habituales en cultivos hortícolas y cerealistas. Todo ello con un menor impacto ambiental que muchos herbicidas convencionales.

Un problema creciente en el campo: resistencias y menos materias activas
La aparición de resistencias en determinadas malas hierbas se ha convertido en una de las principales preocupaciones agronómicas en numerosos cultivos españoles. A esto se suma la retirada progresiva de materias activas y la necesidad de reducir residuos y contaminación de suelos y aguas.
En este contexto, propuestas como esta despiertan interés porque buscan actuar de otra manera. El cardo silvestre produce de forma natural unas sustancias llamadas lactonas sesquiterpénicas, compuestos que la propia planta utiliza para impedir el crecimiento de especies competidoras a su alrededor.
“Desde la Grecia clásica se conoce el uso de plantas para proteger cultivos frente a malas hierbas. Nosotros hemos identificado el principio químico responsable y lo aplicamos directamente de forma respetuosa con el medio ambiente”, explica la investigadora Rosa María Varela.
La nanotecnología, clave para mejorar la eficacia
El principal obstáculo de estos compuestos naturales era su difícil aplicación en campo, ya que apenas se disolvían en agua. Para solucionarlo, el equipo investigador recurrió a la nanotecnología mediante una nanoemulsión formada por diminutas gotas de aceite dispersas en agua.
Estas partículas, inferiores a 250 nanómetros, permiten que el compuesto activo sea absorbido con mayor facilidad por las malas hierbas. Dicho de forma sencilla: cuanto más pequeñas son las partículas, más eficaz resulta el tratamiento.
La formulación incorpora además ingredientes habituales y seguros como aceite de semilla de uva, pectina vegetal y polisorbato, utilizados también en alimentación y cosmética.

Resultados prometedores frente a malas hierbas habituales
Las pruebas se realizaron sobre especies frecuentes como la verdolaga, el llantén menor y el alpiste de caña, malas hierbas presentes en numerosos cultivos de hortalizas y cereales. Los investigadores observaron que la nanoemulsión frenaba tanto la germinación como el crecimiento de raíces y tallos. En el caso concreto de la verdolaga, incluso superó la eficacia de un herbicida comercial utilizado como referencia. Además, el producto mantuvo su estabilidad durante al menos 90 días en condiciones normales de almacenamiento, un aspecto clave pensando en su futura aplicación agrícola.
Por ahora, el desarrollo sigue en fase experimental y aún faltan ensayos en condiciones reales de campo. Sin embargo, esta línea de investigación refleja hacia dónde se dirige parte de la innovación agrícola: soluciones más biodegradables, específicas y compatibles con una agricultura cada vez más exigida desde el punto de vista ambiental.




