Un estudio reciente, publicado en la prestigiosa revista Science, ha descubierto que el maíz libera un gas (linalool) para comunicarse con las plantas vecinas y pedir ayuda. Las plantas responden a través de las raíces, cambiando la microbiota del suelo para atacar a las plagas. Pero hacer uso de esta ayuda tiene un precio.
Las plantas hablan entre sí
Un grupo de científicos en China han sido los responsables de este descubrimiento. Los investigadores hicieron varios experimentos en parcelas de maíz con distintas densidades. Al comparar los suelos de las parcelas más densas, observaron que el suelo condicionado protegía mejor contra insectos, nematodos y hongos. Y, además, todo el muy poco tiempo. En las parcelas más densas, el efecto de detectaba a los tres días de crecimiento.
Y así descubrieron que las plantas hablan. Pero no con palabras, como hacemos nosotros, sino con olores. Al plantar el maíz muy junto, las hojas liberan un gas llamado linalool que flota entre las plantas vecinas. Cuando se alcanza cierta cantidad en el aire, las plantas reaccionan.

Una alarma contra las plagas
Esas plantas vecinas mandan una señal desde la hoja hasta la raíz a través de una hormona llamada jasmonato. La raíz suelta al suelo unos compuestos defensivos (benzoxazinoides) que alteran las bacterias que viven en la tierra, como si se tratase de prepararlas para una batalla. Este nuevo “equipo” microbiano ayuda a defender a la planta frente a insectos y patógenos. Pero hay un precio: las plantas crecen menos.
En todos los experimentos realizados, los científicos pudieron comprobar que, tras hacer uso de esta “alarma por olor”, las plantas desaceleraban su crecimiento. Esto reduce el tamaño de la mazorca y el peso por planta. Aunque la dependencia en este método sostenible y autónomo podría reducir los costes en fitosanitarios para el agricultor, también podría reducir sus beneficios de la cosecha.

¿Qué significa esto para el agricultor?
Todavía falta probar si este mismo comportamiento se da en otro tipo de cultivos. Pero si algo podemos inferir es que, en el caso del maíz, plantar más junto podría aumentar la protección frente a las plagas. Esto sí, no se trata de una receta fija. La recomendación es probar: hacer ensayos en tu finca con densidades distintas y medir el rendimiento y presión de las plagas. Factores como la variedad del cultivo, el riego, la fertilización, el clima y el tipo de suelo influyen en los resultados. Pero descubrimientos como estos nos ayudan a entender mejor cómo funcionan nuestros cultivos.




