Las malas hierbas no son trigo limpio

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Los cultivos se pueden ver afectados por agentes externos durante su crecimiento. Entre ellos están las malas hierbas, que compiten por los mismos recursos, como el agua y los nutrientes, incluso pueden albergar gérmenes que causan plagas o enfermedades. Su impacto es considerable en términos de productividad.

Métodos para erradicarlas

Para combatir la proliferación de malas hierbas se pueden emplear diferentes métodos: físicos, culturales, químicos, eléctricos… Todos ellos requieren herramientas, máquinas y tecnologías muy distintas, cuya eficacia varía en función de diversos factores.

Los métodos físicos son los más tradicionales. Se llevan a cabo de forma mecánica empleando herramientas muy básicas. Consisten en labrar, segar, inundar… Sin embargo, no impiden que vuelvan a crecer las malas hierbas.

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Prevenir es adelantarse a los acontecimientos

Los métodos culturales atienden a varias razones. Por ejemplo, la prevención, a través del uso de semilla certificada; la rotación de cultivos, alternando plantaciones que se van sucediendo en el tiempo para mantener la fertilidad del suelo; las cubiertas vegetales, plantando 2 cultivos simultáneamente, etc.

Los métodos biológicos se valen de enemigos naturales para erradicar las malas hierbas, como el pastoreo de animales rumiantes o los micoherbicidas, que son patógenos de hongos. No son contraproducentes para el medio ambiente.

Los métodos químicos consisten en la utilización de herbicidas. Tienen muchos defensores porque que su eficacia es alta, pero también detractores por su efecto tóxico para la salud. El riesgo del glifosato, por ejemplo, está generando mucha controversia. La aplicación de herbicidas exige el uso de equipos de protección.

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Una corriente con muchos seguidores

Los métodos eléctricos son los más revolucionarios y menos invasivos para el control de las malas hierbas. Se practican con tecnologías que emiten descargas. Su rentabilidad es alta tanto en cultivos herbáceos como perennes. Además, como no hay movimiento de tierras, se evita la erosión y alteración de la estructura del suelo. Se puede practicar en cualquier momento y condición, con independencia de que haya llovido o haga viento.

En definitiva, la agricultura moderna baraja varios métodos de deshierbe, pero no todos son eficaces y ecológicos. Por tanto, saber escoger el más idóneo hará que los cultivos puedan crecer sin rodearse de malas compañías.

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