Investigadores del MIT han desarrollado unas células solares tan finas y flexibles como una hoja de papel y cien veces más ligeras que los paneles convencionales. Pueden colocarse sobre cualquier superficie, desde en las lonas de un invernadero hasta en el techo de un tractor. La empresa que ha nacido de este desarrollo, Active Surfaces, ya ha conseguido financiación para llevar esta tecnología al mercado.

Un papel que se imprime y se pega
El equipo del MIT ha creado unas células solares ultrafinas, de apenas 15 micras de espesor (0,015 mm). Estas células se imprimen con tintas electrónicas sobre una película plástica. Después se despegan y se pegan a un tejido muy resistente llamado Dyneema, una fibra tan fuerte que se usó para reflotar el crucero Costa Concordia.
El resultado es una lámina solar ligera y flexible, capaz de convertir casi cualquier superficie en fuente de energía: un toldo, la lona de un camón, la cubierta de un invernadero o incluso la vela de un barco. “Buscamos acelerar la adopción de la energía solar, facilitando su integración en cualquier entorno”, explicaba Vladimir Bulovic, director del laboratorio ONE del MIT y uno de las personas detrás de este desarrollo.
Más potente que un panel solar convencional
En las pruebas, los paneles generaron 730 vatios por kilogramo en su forma más ligera, y unos 370 W/kg cuando están adheridos a la tela. Eso supone 18 veces más potencia por peso que un panel solar convencional. Además, tas enrollarse y desenrollarse más de 500 veces, conservaron más del 90% de su rendimiento inicial.
Para hacernos una idea, una instalación doméstica típica de 8.000 W pesaría apenas 20 kilos si se fabricara con esta nueva tecnología.
Sin embargo, el material de las células es orgánico y sensible a la humedad y al oxígeno, lo que obliga a encapsularlas para prolongar su vida útil. Los investigadores trabajan en un recubrimiento ultrafino que las proteja sin añadir peso, ya que envolverlas en vidrio (como ocurre con los paneles tradicionales) anularía su principal ventaja: la ligereza.
¿Qué puede significar esto para el campo?
En un sector donde cada kilo y cada metro cuentan, las posibles aplicaciones son numerosas. Estas láminas podrían colocarse sobre plásticos de invernadero para alimentar sensores o sistemas de riego, en remolques o casetas móviles, o incluso en carpas temporales durante ferias agropecuarias. No requieren estructuras pesadas ni instalación fija: se pegan, producen y se quitan cuando no se necesitan.
Su flexibilidad permitiría también dotar de energía a drones agrícolas, sistemas de pastoreo inteligente o maquinaria autónoma en zonas sin red eléctrica.

De laboratorio a empresa: la carrera de Active Surfaces
En 2024, varios de los ingenieros del MIT fundaron Active Surfaces, una startup con sede en Massachusetts. La compañía ha recaudado 5,6 millones de dólares en una ronda de financiación liderada por el fondo Safar Partners, con participación de inversores internacionales como Lendlease, QVT o Sabanci Climate Ventures.
El objetivo de la empresa es llevar esta “solar 2.0” al mercado mediante un proceso industrial de impresión continua (roll-to-roll), que permitiría fabricar metros y metros de panel flexible a bajo coste. “Queremos escalar la producción y acercar al mercado soluciones solares más eficientes, baratas y versátiles”, señaló Richard Swartwout, cofundador y director técnico.
Active Surfaces asegura que esta nueva generación de paneles podría fabricarse en distintos tamaños y adaptarse a la forma de cada superficie. Por ahora, la tecnología sigue en fase de pruebas y optimización, pero la carrera por la energía solar ultraligera ya ha comenzado.
Para el mundo rural, podría abrir una nueva etapa: energía limpia sin estructuras fijas, adaptable a cualquier rincón del campo.




