Tecnología que vuela hacia la polinización: los robots-abeja

Abeja polinizadora sobre girasol

Las aplicaciones de la tecnología nos sorprenden cada vez más. Poco a poco, la realidad se asemeja a una de nuestras películas de ciencia ficción favoritas. Los robots acuden en nuestra ayuda para automatizar y facilitar tareas en el campo. Lo último: los robots-abeja.

Se dice que fue Albert Einstein quien afirmó una vez que, si las abejas desaparecieran del planeta, a los humanos solo nos quedarían cuatro años de vida. Las abejas son las responsables de la polinización de nuestros cultivos. Su transcendencia en la naturaleza es indiscutible. Sin embargo, en los últimos años ha habido un declive importante de las poblaciones de estos insectos. Esto se conoce como colapso de las colmenas (CCD). Es por eso que la tecnología quiere poner una solución.

Girasol y abejas

¿Cómo funcionan?

Los robots-abeja son diminutos “vehículos” capaces de volar, del tamaño de la semilla de un diente de león. Uno de los proyectos que ya está en marcha pesa tan solo 80 miligramos y es capaz de aletear sus alas milimétricas hasta 120 veces por segundo. Otro de ellos utiliza la luz para abrir y cerrar las membranas que posibilitan su desplazamiento. Ambos proyectos incluyen también un control remoto.

Estos sustitutos artificiales ejercerían de polinizadores, afectando a la continuidad de muchas especies de plantas y sus organismos. A diferencia de las abejas naturales, estos robots no producen miel ni tienen la capacidad de comunicarse entre sí, pero pueden transportar polen de una flor a otra.

Funcionan de manera similar a las abejas naturales. Cuando una abeja se posa en una flor para recolectar néctar, recoge polen en sus patas y lo transfiere a otras flores cuando se mueve de una planta a otra. Los robots polinizadores también se equipan con cepillos que les permiten recoger polen de las flores y transportarlo a otras plantas.

Polinización manual

Ser eficientes gracias a los robots-abeja

La polinización manual, otra realidad en el campo, es un proceso largo y tedioso. Una persona puede polinizar hasta diez árboles al día. Con los robots-abeja, nuestra productividad se multiplicaría. Otro beneficio que se estudia de estos pequeños robots es la posibilidad de acabar también con plagas mediante la inyección de pesticidas.

Aunque es una idea muy prometedora, todavía hay algunos desafíos que abordar para los próximos años. Uno de ellos es aumentar la capacidad de autonomía de los robots que, debido a su tamaño, necesitan baterías minúsculas.

Pese a todo, los robots-abeja son una solución innovadora. Una muestra del potencial de la tecnología para abordar problemas ambientales y mejorar la productividad agrícola.

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