La escasez de agua está a la orden del día. Necesitamos aprovechar cada gota del riego al máximo. Por eso, cualquier solución capaz de mantener la humedad del suelo durante más tiempo despierta interés. Un equipo de la Universidad de Sevilla ha desarrollado un nuevo material biodegradable que funciona como una pequeña reserva de agua en el suelo y que, además, podría utilizarse en el futuro para suministrar nutrientes de forma gradual.

Un hidrogel capaz de retener hasta 60 veces su peso en agua
La investigación, desarrollada en la Universidad de Sevilla, se centra en un hidrogel elaborado a partir de quitosano y alginato, dos materiales naturales procedentes de recursos marinos. El quitosano se obtiene de las cáscaras de crustáceos, como las gambas, mientras que el alginato está presente en las algas.
La combinación permite crear una estructura que, cuando está seca, se comporta como una esponja microscópica. Al entrar en contacto con el agua, se hincha y forma una red capaz de retener entre 40 y 60 veces su propio peso en agua.
¿La utilidad para el campo? La idea es que el material pueda absorber parte del agua procedente del riego o de la lluvia y liberarla progresivamente cuando el suelo comienza a secarse.
Una alternativa biodegradable a los hidrogeles convencionales
Los hidrogeles ya se emplean en agricultura y jardinería para mejorar la disponibilidad de agua alrededor de las raíces. El problema es que muchos de los productos actuales están fabricados a partir de derivados petroquímicos y presentan una degradación limitada.
La propuesta sevillana busca cambiar ese enfoque utilizando únicamente materiales de origen natural. El quitosano aporta resistencia a la estructura, mientras que el alginato favorece la absorción de agua. El calcio, por su parte, ayuda a reforzar la red y evita que el hidrogel pierda su forma cuando se encuentra hidratado.
“Para una aplicación agrícola no basta con que el hidrogel se hinche; también debe resistir las condiciones del suelo y conservar sus propiedades”, explica la investigadora Carmen María Granados Carrera.
Los ensayos apuntan precisamente en esa dirección: el material mantuvo su estabilidad hasta los 40 ºC, una característica especialmente interesante en cultivos expuestos a altas temperaturas.

El siguiente paso: agua y nutrientes en una misma solución
La investigación no se queda únicamente en la gestión del agua. El equipo trabaja ya con la posibilidad de incorporar fertilizantes y micronutrientes al hidrogel para que estos puedan liberarse de manera controlada en el suelo.
Esta aplicación podría ayudar a reducir pérdidas de nutrientes y hacer más eficiente su disponibilidad para las plantas. Eso sí, todavía queda camino por recorrer antes de hablar de una solución lista para utilizar en explotaciones agrícolas.
El siguiente paso será comprobar cómo se comporta el material en suelos reales, con diferentes aguas de riego y bajo condiciones de salinidad o acidez. También se estudiará su biodegradación y su posible impacto sobre los ecosistemas.
La investigación, publicada en Journal of Environmental Chemical Engineering, abre así una línea de trabajo que conecta dos de los grandes retos actuales del campo: usar menos agua y aprovechar mejor los recursos. Si los próximos ensayos confirman su comportamiento en condiciones agrícolas reales, estos materiales de origen marino podrían convertirse en una nueva vía para desarrollar sistemas de riego y fertilización más sostenibles.




