En un contexto marcado por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la necesidad de proteger los cultivos estratégicos, el olivo dará un paso clave para asegurar su futuro. Febrero de 2026 será el mes en el que, por primera vez, se depositarán semillas de olivo en la Caja Fuerte Global de Semillas de Svalbard, el mayor banco de seguridad genética del mundo.
En un pequeño archipiélago del Ártico noruego, se encuentra el Banco Mundial de Semillas de Svalbard. Este gigantesco almacén alberga más de 930.000 variedades de cultivos de todo el mundo. El objetivo es protegerlas de las amenazas del cambio climático y las tensiones políticas para asegurar el futuro de la agricultura. El olivo no formaba parte de la colección. Hasta ahora.

Un respaldo internacional para el cultivo del olivo
Este anuncio ha llegado de la mano del Consejo Oleícola Internacional (COI), la única organización intergubernamental dedicada exclusivamente al sector del olivo y el aceite de oliva desde su creación en 1959. Que el olivo entre en el depósito forma parte de los mayores hitos de la organización previstos para 2026. Su entrada en Svalbard permitirá conservar su biodiversidad genética a largo plazo, como medida de seguridad frente a amenazas futuras.
La iniciativa se enmarca en el trabajo del COI en sus tres grandes pilares: investigación y normalización, tecnología y medio ambiente, y economía y promoción del sector oleícola.
Qué es este Banco Mundial de Semillas
La Bóveda, o Caja Fuerte Global, actúa como un salvavidas mundial de semillas. Alberga copias de seguridad de los cultivos esenciales para la alimentación y la agricultura mundial.
Que el olivo forme parte de esta bóveda supone reconocer su importancia estratégica, no solo desde el punto de vista económico, sino también ambiental y cultural, especialmente en países productores como España.

Un depósito con fecha marcada en el calendario
El depósito de las semillas de olivo está previsto para la última semana de febrero de 2026. Coincidirá con el aniversario de la inauguración de la bóveda, que abrió sus puertas en 2008 como respuesta global a la necesidad de proteger la diversidad agrícola del planeta.
Aunque no se han detallado aún las variedades ni el número de muestras, el gesto refuerza la idea de que la conservación genética será una pieza clave del futuro del olivar, en un escenario de estrés hídrico, nuevas plagas y cambios en las condiciones de cultivo.




